—Paco Calderón, Refoma, domingo 20 de mayo de 2012
miércoles, 23 de mayo de 2012
domingo, 20 de mayo de 2012
Carta de amor para una mente abierta
“[Didio] no ha hablado con Moore acerca de las precuelas,
pero dijo que si el autor británico ‘tuviera oportunidad de leerlas, esperaría
que lo hiciera con la mente abierta y las entendiera como una carta de amor a
lo que creó, y más importante aún, comprendiera que la fuerza de su obra le
está permitiendo a otras personas crecer y contar otras historias que ojalá
inspiren a otros creadores en el futuro. Así como él se inspiró, cuando era
joven, en otros creadores. Esperamos que estas ideas y estos cómics sean una
inspiración para [neófitos al cómic], para que podamos seguir haciendo crecer el
negocio de los cómics en su totalidad.’”
—Dan Didio (co-editor de DC Comics), entrevistado por Alison
Flood para The Guardian, viernes 18 de mayo de 2012
Ryan Sohmer (guión), Mike DeCarlo (ilustración).
jueves, 17 de mayo de 2012
Disculpa pública
Digámoslo sin ambages: un crítico incapaz de
ejercer la autocrítica no vale ni la tinta —o los pixeles— con la que escribe.
Ya lo dijo Sócrates, palabras más, palabras menos: la vida sin examen no vale
la pena vivirla.
Este filosofar viene a cuento por comentarios —específicamente,
un calificativo escatológico cuya vulgaridad no se repetirá, por pudor, en este
texto— hechos por quien esto escribe en la mesa redonda “La historieta en la
actualidad”, parte del programa del Encuentro Internacional de Historieta y
Novela Gráfica de la Ciudad de México que se celebra del 15 al 20 de mayo de
este 2012.
Como parte
de la discusión del panorama actual del cómic publicado en nuestro país,
critiqué con severidad el catálogo historietil de varias editoriales, entre
ellas Sexto Piso. Para mi desgracia, en busca de una conclusión contundente
recurrí a una majadería por entero innecesaria que, más que fortalecer el
argumento, lo minó. Terminada la sesión, una representante de la editorial me
hizo saber que Golo —pseudónimo de Guy Nadeau, historietista francés que
compartía la mesa y presentaba en México su libro B. Traven / Retrato de un anónimo celebre— se había sentido
ofendido por el comentario soez, pensando que se dirigía, o incluía, a su obra.
En mi descargo, tan sólo he de decir que la
descalificación no incluía en modo alguno a su obra que, por su novedad, aún no
llegaba a librerías y no había tenido oportunidad de revisar. Sí se la criticó,
pero en términos que hacían referencia a la propensión de la editorial a
publicar títulos cuyo gancho pareciera ser más su vínculo coyuntural con México
—La calavera de cristal, Viva la vida / Los sueños en ciudad Juárez
y Diario de Oaxaca— que su inherente
calidad historietística. Asimismo, durante mi participación aclaré qué títulos en
específico hacían que, a mi entender, la selección de Sexto Piso no fuera digna
de elogio. Pero basta de explicaciones, que este escrito no busca ser la justificación
de un comportamiento reprobable, sino una sentida disculpa hacia el señor
Nadeau y el equipo editorial de Sexto Piso.
(Mas que conste: si estas líneas no constituyen
un intento de apología, tampoco son una retractación: el catálogo de Sexto Piso
Ilustrado es, de entre los dedicados a la edición de cómic nacional o traducido
al español, de los menos propositivos. Medroso, incluso. Cuenta, además, con
ejemplares —como las adaptaciones de las obras de Proust y Homero— de pésima
factura en tanto cómics.)
Avergonzado de haber ofendido al señor Nadeau
—que un malentendido no hace menos real la ofensa— intenté disculparme en
persona, aclarándole el sentido de mi comentario. La tentativa falló ante la
negativa del historietista a escucharme.
Al redactar esta disculpa pública me percato
de lo difícil —si no es que imposible— que es discernir la sinceridad o no de la
palabra escrita. Ciertamente, dada la actitud del señor Nadeau, poco o nada le
interesarán estas líneas contritas. Quizás ése sea el principal pero de pedir disculpas,
por sentidas que sean: ni satisfacen al ofendido, ni lavan la ofensa, ni devuelven
la tranquilidad al ofensor.
martes, 15 de mayo de 2012
Que fuera más de lo que es...
“Estoy cansado de las historias bien contadas,
de que ‘se espere que despierte mi interés otra «historia» ociosa más u otra media docena más de
vidas privadas ofrecidas a mi escrutinio.’ Si eso es lo que te gusta, está
bien, hay más obras que se pueden crear en esa línea. Pero a mí me gustaría
que el medio del cómic fuera más de lo que es. Como digo a menudo, es el único
arte que conozco cuyo potencial es inmensamente más grande de lo que cualquier
obra individual ha alcanzado hasta ahora.”
—Andrei
Molotiu, Abstract Comics—The Blog, martes 8 de mayo de 2012
Etiquetas:
Asuntos críticos,
Contra el cómic
martes, 8 de mayo de 2012
Los corazones rotos de Tony Sandoval
Un sofá
desde el cual contemplar el fin
La
entrevista con el ilustrador e historietista sonorense Tony Sandoval (Ciudad
Obregón, 1973) transcurre —con unos cafés de por medio— a escasos pasos del
cruce de la calles La Quebrada y La Quemada. Lugar más que propicio para
charlar sobre su más reciente obra, El cadáver y el sofá (Caligrama
Editores, 2006), que narra la historia de un par de corazones rotos, un cadáver
en llamas y el misterio que los une.
“El cadáver y el sofá —explica Tony
Sandoval— surgió como una idea loca mientras ilustraba libros infantiles. Tenía
la duda de cómo sería un cómic dibujado con niños cabezones y bonitos, muy
infantil pero que hablara de cosas fuertes, como la muerte y el sexo”.
—En sus historietas —incluida ésta— subyace un
gusto por lo mórbido y lo monstruoso que sorprende en vista de su afabilidad y
su sonrisa fácil. ¿Cómo conciliar esta aparente contradicción?
—Esa pregunta me la hacen mucho. Y no sé cómo
responderla... Hace poco platicando con una amiga que me preguntaba más o menos
lo mismo (“¿De dónde sacas toda esa maldad?”), pensé que quizás se debiera a
que de chavito hojeaba enciclopedias donde veía imágenes del fin del mundo,
apocalípticas, pintadas por El Bosco o Brueghel, y me encantaban. Primeramente
me llamaron la atención los caballos y los guerreros, pero después me atrajo
esa oscuridad, en más de un sentido, de la Edad Media.
—Dados los elementos que eligió para componer su
relato, no son de extrañar los momentos de angustia. Sin embargo, las
circunstancias de la muerte del niño Christian resultan particularmente
espeluznantes. ¿No sintió escalofrío al dibujarlas?
—Mientras estaba dibujando tenía la boca abierta,
así [gesto de incredulidad]. Cuando dibujo hago gestos y muevo mucho las
piernas. Me emociono. Así fue en el caso de esta escena. Muchas de las cosas
que dibujé ocurrieron realmente: un chico de mi pueblo amaneció muerto en su
casa, a dos cuadras de la mía y en circunstancias similares a las descritas en
mi relato. Yo lo conocía de paso, no era cuate mío, pero aún así
inconscientemente me afectó. ¿Cómo es que algo así sucede? Creo que soy un
personaje más de la historia que nunca sale dibujado en el libro. Incluso los
paisajes son de mi pueblo en Sonora. Tengo fotos de cuando íbamos en el
colectivo a la ciudad, y en ellas me basé. Planicies hasta donde alcanza la
vista, uno que otro arbolito y postes sosteniendo cables eléctricos. Si alguna
vez vas a Esperanza, que se llama el pueblo, verás el parecido.
Originalmente planeado como una historieta de
alrededor de quince páginas, El cadáver y el sofá creció
inesperadamente: “Mi idea inicial era dibujar los sábados un cómic cortito
—continúa Sandoval—, porque cuando se me ocurrió la idea de El cadáver...
tenía mucho trabajo. Cada sábado me ponía a dibujar y a experimentar con las
páginas. Cuando me di cuenta, ya llevaba más de veinte. Creo que tardé dos años
en terminarlo, trabajando esporádicamente porque a veces lo olvidaba hasta por
meses.
—¿Cómo fue el proceso de construcción de la
historia a lo largo de esos dos años?
—Mi forma de trabajar parte de una idea,
cualquiera, aunque no vaya a ningún lado. La continúo. Que crezca como la
ramita de una planta. Cuando veo que va en cierta dirección le empiezo a dar
forma, aun sin saber cómo acabará. La dejo, la dejo. Conforme avanza decido
cómo, al final, resolver las cosas que dejé atrás. Cuando me contactó la
editorial para publicar el libro, todavía no sabía cómo iba a acabarlo. La
intuición y la improvisación son muy importantes para mí.
Las preferencias temáticas de Tony Sandoval
encuentran en su particular estilo visual el complemento perfecto. Matices
luminosos que presagian oscuridades purpúreas, reflejo emocional del drama. Un
estilo amigable que no duda en morder la yugular.
—En la presentación de su obra, se dijo que la
belleza de su arte radicaba en que parecía un error de la naturaleza, y a
usted, como historietista, se le calificó afectuosamente de bicho raro.
¿Comparte esa opinión?
—Se me hizo atinada. Cada quien es resultado de
muchas circunstancias y por lo tanto único. Y lo mismo pasa con el artista. A
mí personalmente me gusta el accidente, trabajo mucho con él. Soy muy inquieto
y me gusta experimentar. Me siento un bicho propio y definitivamente son los
bichos raros los que más me gustan.
—El hecho de elegir la historieta como su forma de
expresión es ya en sí un poco raro. ¿Qué es lo que más le satisface de este
medio?
—La narrativa. Poder contar: eso es lo que más me
gusta. Y que además puedo contar de la manera que prefiera, con los personajes
que yo quiera, a color o en blanco y negro, de la forma más rústica posible si
así lo deseo. Como historietista me basta con tomar cuaderno y pluma para
comunicar con la misma intensidad que la de una película, y vaya que la
diferencia de recursos necesarios es abismal entre ambos medios. La historieta
puede ser muy austera en muchos aspectos, pero no impide comunicar intensamente
una idea o un sentimiento.
—¿Le preocupa que un niño acompañado por su madre
abra el libro, atraído por sus ilustraciones, y se topen ambos con ese
despertar adolescente a la sexualidad?
—Ja-ja ¡Mi libro es muy peligroso! Quizás debimos
haberle puesto una leyenda advirtiendo que su lectura es sólo para adultos o
para niños de amplio criterio. Yo respeto lo que cada quien deje leer a sus
hijos. Para mí lo fuerte de la historia es la violencia, no tanto que se vean
chichis o pitos. Pero vaya que hay de criterios a criterios.
—¿Cree usted que sobrevivir a un corazón roto es un
paso importante para dejar de ser un niño y convertirse en adulto?
—Sí, cómo no. A mí me lo han roto varias veces.
Maduras, pasas a otras cosas y en adelante te sientes distinto.
(Publicado en El Financiero, viernes 13 de
abril de 2007)
jueves, 3 de mayo de 2012
Pecados del cómic mexicano
1) Existe un cómic mexicano que se esfuerza por
ser mexicano, como si, ¡ay!, pudiera ser de otro lado. Y para afianzar su
mexicanidad, se apropia de cuanto cliché se cruza en su camino: su tono es el
de una telenovela, su sensibilidad la de los Sensacionales y su herencia el Lágrimas,
Risas y Amor, Santo y Chanoc. Luego, sus personajes predilectos
son luchadores enmascarados, deidades sincréticas, criaturas seudo-rulfianas y vedettes curvilíneas. La variante mortal
de este pecado —en oposición a la venial, ya descrita— son esas recreaciones,
mortalmente aburridas, de los episodios de gloria nacional y de las vidas de nuestros
héroes bronceados. Pero que quede claro: el pecado radica en la apropiación
acrítica, no en la apropiación per se.
A este cómic le hace falta atreverse a poner en duda los supuestos méritos de
lo mexicano: faltarle al respeto, verlo a través de una lente más amplia.
2) Irónicamente, existe también un cómic que —aún pecando de mexicano— peca de gringo. Por eso tenemos revistas de superhéroes y funny animals a la mexicana, es decir, superhéroes y funny animals de quinta. Su santo grial es ingeniar un superhéroe netamente mexicano, una entelequia sin sentido en un país carente de aspiraciones imperiales y donde el poder sólo sirve para abusar de él. Más allá de su ga(ba)chez, su gran pecado es lo estrecho de sus miras, pecado irredimible a la luz de los tiempos de bonanza artística que vive la viñeta en muchas partes del mundo. Cuando la globalización multiplica las perspectivas, este cómic de república bananera se encarga de clausurarlas. Y no olvidemos ése que, en su afán por emular la temática futurista y la estética franco-belga de la mítica revista Métal Hurlant, pergeña copias al carbón de tercera generación de los, esos sí originales, Druillet y Moebius.
2) Irónicamente, existe también un cómic que —aún pecando de mexicano— peca de gringo. Por eso tenemos revistas de superhéroes y funny animals a la mexicana, es decir, superhéroes y funny animals de quinta. Su santo grial es ingeniar un superhéroe netamente mexicano, una entelequia sin sentido en un país carente de aspiraciones imperiales y donde el poder sólo sirve para abusar de él. Más allá de su ga(ba)chez, su gran pecado es lo estrecho de sus miras, pecado irredimible a la luz de los tiempos de bonanza artística que vive la viñeta en muchas partes del mundo. Cuando la globalización multiplica las perspectivas, este cómic de república bananera se encarga de clausurarlas. Y no olvidemos ése que, en su afán por emular la temática futurista y la estética franco-belga de la mítica revista Métal Hurlant, pergeña copias al carbón de tercera generación de los, esos sí originales, Druillet y Moebius.
3) Si uno lee lo que se escribe en diarios y revistas,
pero sobre todo en Internet, no puede sino quedarse con la impresión de que el
cómic mexicano es un arte perfecto, irreprochable. Toda crítica en su contra debe
ser, pues, una bajeza producto de la envidia o de la ignorancia. La
manifestación más perniciosa de este pecado es ese cerrar filas en torno a los
más débiles, una mentalidad de rebaño que jura y perjura que todo cómic es
digno de apoyo y consideración. Cuando se señalan faltas, cosa rarísima, son más
bien superficiales y superables con poner un poquito de cuidado y esfuerzo. La crítica
se reduce a conminar a los historietistas a que, para la próxima, le echen más
ganas.
4) Los tres pecados anteriores suelen
acompañarse de un cuarto: la soberbia. Porque esta historieta mexicana de que
hablamos —a pesar de sus escasos méritos— se siente la más digna y sublime de
las artes, merecedora de toda suerte de premios, becas, homenajes, canonjías y
parabienes. Presa de su ceguera autocrítica y del ánimo arribista, no se da
cuenta del por qué se le tiene tan poco aprecio. No se percata de lo ridícula
que se ve —o, si lo hace, se niega a aceptarlo— armada con toda esa
parafernalia kitsch. Esta soberbia se
apuntala con el mutismo o la tartamudez, toda vez que es incapaz de —a falta de
obras— articular un discurso que haga patente su valía. En esto, el cómic mexicano
refleja lo peor de la cultura en donde nace, una cultura capaz de ennoblecerse
a sí misma a pesar de no contar con evidencias tangibles de su nobleza.
5) Pero quizás el pecado más grave del cómic
mexicano sea el no tomarse en serio. Aunque, como ya se vio, su dignidad
artística está fuera de toda duda, dicen, existen historietistas que, muy
ufanos, se declaran indiferentes al arte; lo suyo es entretener al respetable y
no más. Con esto, el cómic nacional se cura en salud: cuando le conviene es un
arte; cuando no, no. Esta inclinación por el entretenimiento da cuenta de la
proliferación de humoristas y payasos que, haciendo eco de las palabras del
ensayista y poeta Juan Domingo Argüelles, “creen que el humorismo es una simple
gimnasia verbal o gestual, con frases de doble sentido, chistoretes y
procacidades”, cuando en realidad es “una enfermiza tendencia, generalmente
hipócrita, a no tomarse en serio ni uno mismo, haciendo burla de cualquier
situación y en ámbitos que, por su auténtica solemnidad, no admiten befa,
escarnio, o mofa.” Cuentachistes que, además, jamás darían la razón a quienes
sostienen que “cómic” es sinónimo de “comedia”.
(Publicado en El Financiero, miércoles 25 de abril de 2012)
miércoles, 25 de abril de 2012
?#@*&%! Alan
“Tuve una charla con un profesional de la historieta en la
Comicon de Emerald City. Me explicó la situación de Before Watchmen como sigue: Alan Moore es uno de los más respetados
escritores del cómic. Ha co-creado, renovado o introducido muchas cosas que han
enriquecido el medio y el arte. Sus obras son, rutinariamente, de las mejor
hechas —con mucha más destreza y cuidado que el resto—, aunque no sean de tu o
mi agrado. Es uno de los pocos escritores en la terna del Más Grande de Todos
los Tiempos. Pero cuando dice, ‘Oigan, miren, por favor no hagan más Watchmen. DC me ha tratado mal y
considero que el libro se sostiene bien por sí mismo’, la respuesta de DC y los
equipos creativos involucrados es, esencialmente, ‘No, [chíngate] Alan.’
“¿No es asqueroso?”
—David Brothers,
Comics Alliance, miércoles 18 de abril de 2012
“Mi decisión de no buscar o aceptar más trabajos de DC no
fue súbita; fue algo con lo que he venido luchando por bastante tiempo. Y no se
debió a mis experiencias personales con la compañía (no tengo más que cosas
buenas que decir del equipo editorial de Vertigo), sino que nació de la manera
como otros creadores y sus herederos estaban y están siendo tratados… Aunque
estaba consciente de algunos de los problemas que otros creadores y sus
herederos habían tenido con la compañía cuando empecé a trabajar para ella,
muchas de esas instancias eran cosas que habían ocurrido hacía tiempo, y fui
capaz de convencerme de que las cosas habían cambiado. Pero en el curso de los
últimos meses, cosas como la contrademanda en contra de los herederos de Siegel
y el anuncio de las precuelas de Watchmen
a pesar de la objeción de Alan Moore me dejaron en claro que el tratamiento
dado a los creadores y a sus herederos seguía siendo una preocupación vigente,
y que no podía reconciliar mis propios principios con las acciones tomadas por
la editorial.”
—Chris Roberson,
declaración a Comics Alliance, jueves 19 de abril de 2012
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